La onda fugitiva, carta al poeta

Autor: Héctor Scaglione

En aquel patio de Sevilla donde transcurrió tu infancia, desentrañaste el misterio de los recuerdos hasta convertirlos en magia, ahí apareció la belleza y te brotaron las palabras en manantial inagotable.

Después, esas mismas palabras, como el orfebre en búsqueda de la forma, lastima sus manos al batir los metales, vos con la pluma te desgarraste el alma en cada verso, y brotó la musicalidad de la prosa. Convertida ahora en obra de arte como ofrenda y sacrificio, para penetrar en el alma de quien le llegue.

En soledad encontraste el camino lejos de la pompa y el boato, único capital que pagó tu alimento y tu vestido, no acumulaste riquezas, a nadie debes. Solo, en compañía de las palabras, comprendiste que quien acumula atesora, y quien atesora pierde el bien más preciado, la libertad.

Intuyes que una vida no alcanza para expresar la vastedad de los instantes, e Intentas capturar la onda fugitiva para eternizarla. Aunque la trágica España de tus amores no te de tregua. Desde el exilio piensas en esa tierra que se desangra y, en marcha macabra silencia la voz de los poetas, ora encarcelados, ora fusilados ora muertos de tristeza.

Cuando el horror, rodeado de destrucción y muerte te haga olvidar de la belleza, los bramidos de la guerra ocuparon con intensidad la prosa, y antes de que acaben los recuerdos, las voces de tu mente brotarán en torrente, y la pluma volará con urgencia hasta agotar la tinta y el papel.

Desterrado y enfermo de agonía, cuando llegues al fin de tu camino y estés casi olvidado, desde una España redimida, libre, tus versos vibrarán plenos, hechos música en boca del trovador, y renaciendo en cada estrofa en los labios frescos de alguna muchacha enamorada.

                                          Héctor Scaglione

 


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