LA CANASTA DE LITO

 A las seis de la mañana la vereda me recibió fría y desolada.                    Los árboles movían sus ramas empujadas por un leve viento del sudeste. Recién en el final de la calle, pasando la avenida, podía verse una línea plateada, brillante de amanecer. Pero aquí, en el umbral de la casa, aún estaba oscuro. Mis elementos de pesca me acompañaban apoyados en la pared.Mentalmente repasé todo lo que llevaba, no quería olvidarme de algo y luego ser centro de cargadas. En eso, ví que enfrente se prendía la luz de la casa de Armando. Con gorra y campera, él también comienza a sacar sus cosas. En la esquina apareció Ricardito con su papá; traían sus cañas y un changuito con un montón de cosas.

— ¡Eh, Negro, te caíste de la cama! — me dijo Armando, prendiendo un cigarrillo.

— ¿Tardará mucho en llegar Lito con la chatita?— preguntó Ricardito con las manos en los bolsillos y moviendo las rodillas.

— Quedamos en salir a las seis y media. Faltan como veinte minutos— agregó Armando mirando su reloj.

Habíamos acordado ir a pescar a Punta Lara.

Lito era un campeón organizando todo. Preparaba su camioneta y, si salíamos en el tiempo acordado, antes de las ocho estaríamos tomando mate en la costa del Río de La plata. Él conocía una toma de agua, lugar,  donde se daba mucho el Pejerrey y de vez en cuando se enganchaban lindos Patíes que venían perdidos del Paraná de las Palmas, y llegaban ahí, nadando por el Canal Emilio Mitre. Todo un guía este Lito, a él no le fallaba nada. Siempre decía:

—Si yo te digo que es Carnaval, vos apretá el pomo, nene—

Cuando los primeros rayos de sol barrieron las sombras de la vereda, escuchamos el caño de escape del camioncito salvador.

Cargamos todo y los más chicos nos fuimos atrás con el padre de Ricardito.

Lito se dio vuelta y me gritó:

—¡Ojo con esa canasta! dejala donde está y que no se golpee—

Conociéndolo, sabía que el misterio era parte de su programa y a partir de su orden, intenté no perder de vista su canasta.

 Cuando íbamos por la Avenida Calchaquí, me subí bien el cuello de la campera y, ayudado por el bamboleo de la chatita, entré a dormitar.

 Una vez instalados en la costa y luego de varios mates con facturas de ayer, todos nos fuimos a tirar la caña, como se dice.

Para las once ya sentía los cachetes rígidos, producto del sol que nos daba de frente. Lito miró el reloj, movió la cabeza negativamente y comenzó a recoger el cordel de su caña. Una vez que acomodó todo junto a un árbol, se fue para el camioncito y luego, con la canasta colgada de una de sus manos, lo perdí de vista.

Nada, ni siquiera una mojarrita pendía de nuestros anzuelos. El plateado del río, el verde de los sauces, el canto de los pájaros y el calorcito que nos daba el sol, impedía que alguno de nosotros, ni siquiera, largara una queja de frustración. El día era maravilloso.

Como a eso de las doce y media, sentí un aroma a salsa que me hizo temblar hasta el lóbulo de las orejas. Movimos la cabeza en conjunto hacia donde estaba Lito y vimos una línea de vapor que se asomaba detrás de la chata. No acordamos nada, pero fuimos dejando todo en la costa. A Ricardito se le había hecho una galleta y tampoco se preocupó por deshacerla. Correr no corrimos, pero sí caminamos con paso firme hasta el fogón. Entonces, vimos la octava maravilla: unas brasas firmes que pegaban contra un mediano disco negro y en su interior una salsa que bramaba entre cebollas, ají morrones y unos cuantos chorizos de cerdo, que se inflaban y temblaban de placer.

— ¡Lito! ¿Qué es esto?— dijimos todos a viva voz.

— ¡Chorizos a la portuguesa!— contestó, sacando pecho.

Un rato después y mientras se escapaba juguito desde el pan en que habíamos envuelto el chori, me animé a preguntarle cómo había hecho algo tan rico… No contestó inmediatamente, pero después de dos tragos de tinto, se largó a dar la receta:

—Esto no es un misterio muchachos. Primero hay que asegurarse de que los chorizos sean de buena calidad. Si son de cerdo, mejor. En la canasta traje ají morrones, cebollas, ajo, perejil, laurel y dos latas de tomates perita— Ahí volvió a llenar su vaso, ya que tenía que bajar su segundo sándwich de “chorizo a la portuguesa”.

—Un poco de aceite al disco y le echas toda la verdura cortadita. Revolvés bien para que no se pegue y cuando ves que todo se tiernizó le metés las dos latas de tomates, unas hojas de laurel, sal y pimienta a gusto. A los diez minutos le añadís los chorizos, previamente pinchados, y los dejás que se hagan bien. Cada tanto le vas agregando agua para que no se seque y algo muy importante es ponerle un vasito de vino blanco al promediar la cocción.

No puedo negar que después de tan suculento almuerzo, todos nos hicimos una pequeña siesta arrugados en algún rincón.

Al despertarnos vinieron los mates y a eso de las seis de la tarde nos preparamos para el regreso.

El viaje de vuelta fue mucho más callado que en la ida. Estábamos cansados pero felices. Antes de bajarme miré la canasta y, a modo de saludo, la toqué agradecido. Así nos despedimos y prometimos repetir la excursión.

Ah, me olvidaba. Pescar, nadie pescó nada, pero a esta altura ¡a quién le importa!

                                              ROBERTO PANIAGUA

Un comentario el “LA CANASTA DE LITO

  1. maria teresa gonzález cuberes dice:

    hola, quisiera ponerme en contacto con ustedes…se avecina el fin de este año y quizá podría compartir con algunos de ustedes esa celebración. Vivo en Mardel, estoy sola y tengo 70 años con espíritu escribidor y alma malabarista de palabras.
    Mi teléfono es 491-49129. ojalá alguno de ustedes lea este mensaje que no va en una botella sino en un pequeño recuadro de vuestro blog….María Teresa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s