1º DÉCADA DE ¨EL CARANCHO¨

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Charla pronunciada el 24 de junio de 2016, con motivo del 10° Aniversario de la Peña Gastronómico-literaria “El Carancho”, a cargo de uno de sus fundadores, el escritor Alejandro José Ramón.

Estamos aquí reunidos para conmemorar el 10° aniversario de la Peña “El Carancho“. Y lo hacemos nada menos que en el Centro Médico de Mar del Plata, al que pertenezco desde hace 45 años. Justamente en este mismo Auditorio se establecieron los principios gremiales que aún hoy rigen la profesión médica. Esta institución que siempre ha apoyado manifestaciones culturales de la ciudad, no podía estar ausente en esta oportunidad, por lo que agradezco de corazón a la Comisión Directiva que hayan cedido para este fin sus instalaciones y en especial a su presidente el Dr. Jorge Sarmiento, amigo y compañero de guardia en el viejo Hosp. Mar del Plata, hoy Materno Infantil.

Agradezco también a todos los presentes por hacer posible con su acompañamiento esta conmemoración. Es sabido que se puede andar por lo rincones llorando penas, pero las alegrías están hechas para ser compartidas. No hay festejos en solitario.

Mi función es hoy hacer una breve reseña histórica de nuestra institución… En realidad no lo es dado que ellas tienen personería, estatutos, Comisión Directiva, actas, mientras que nosotros no contamos con nada de eso. Quizás deberíamos denominarla movida cultural. Tampoco esto es convincente, suena demasiado pomposo. Si dijéramos grupito minoritario sonaría a escrache. Sería de mal gusto utilizar la palabra célula, sonaría a terrorismo. En vista de tantas dificultades para encontrar una definición que se ajuste a nuestras características, diré simplemente que “Esto” surgió en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Vale aclarar aquí para evitar confusiones, que lejos de sus solemnes claustros, más precisamente en el taller de escritura del PUAM, que conduce la profesora Delia Saenz. Éramos la mayoría vejetes desocupados que dilapidábamos el tiempo restante de nuestras vidas jugando a tirarnos por la cabeza con palabras de “cachuza” ortografía. Después fue el profesor Guillermo Colantonio al que le tocó tragar la amarga cicuta cuando tuvo la peregrina idea de acogernos en su taller. Ambos intentaron con un empeño digno de mejores causas, vencer nuestra inconmovible resistencia al aprendizaje. En su momento debimos levantarles sendos monumentos pero no lo hicimos quién sabe por qué. Aunque no hayamos encontrado en su momento, ni encontremos ahora palabras adecuadas para expresárselo, es bueno que sepan que les guardamos eterno agradecimiento.

Las reuniones arrancaron en el mes de junio del año 2006, sin que pueda en este momento precisar con exactitud qué día. Será porque a cierta edad el pasado se extravía, el futuro pierde predicamento y todo se conjuga en presente. No creo que haya sido un 24 como hoy, lo recordaría porque se cumplen años de la muerte de Gardel, del nacimiento de Ernesto Sábato, del de Juan Manuel Fangio. Además es el aniversario de mi boda. Supongo que tan solo por eso lo tendría presnte. Lo único seguro es que fue alrededor de una mesa en Cheff Décima, un restaurante de Moreno y Dorrego. Así, cena va, cena viene, sin mucha planificación, comenzó a gestarse la Peña gastronómico-literaria o literario- gastronómica, según se lo considere.

Ni siquiera podemos establecer con seguridad cuántos fuimos los preclaros. En un comienzo 7 contando a Eduardo Borawski Chanes que no salió en la foto no sé por qué, tal vez porque es día no asistió a la cita. Después se sumó Raúl Sánchez que, como no escribía quedó por el camino. Así, pues, por orden alfabético, los fundadores fueron: Eduardo Borawski Chanes, Enrique Lombardo, Juan Carlos Masochi, Roberto Paniagua, Hugo Portillo, Alejandro Ramón y Pascual Romano.

Resulta incordioso reunirse en un restaurante. Hay que hacer reserva, no se puede levantar la voz ni cometer excesos verbales ni quedarse más de la cuenta. Así, pues, decidimos recalar alternativamente en el magnífico quincho que Hugo Portillo tiene en su casa, y en la mía, donde tengo una modesta parrilla descubierta. Como no podía ser de otra manera, en cada reunión que me tocó organizar llovió puntualmente. Cansado de mojarme mientras los otros procedían a clavarse prolijamente chorizos, achuras y carnes, propuse hacer comida de olla. Todos adhirieron rápidamente, lo cual me permitió comer seco y que los demás se anotasen haciendo más repartidas las tareas.

La denominación genérica de Peña se adoptó siguiendo los consejos del Diccionario de la Real Academia donde se lee: Grupo de amigos que participan de actividades conjuntas. Pero junto a esta definición aparece otra, ya en desuso, tal vez premonitoria. En otros tiempos los españoles solían decir que algo cuyas virtudes se extendían a lo largo del tiempo, duraba como peña.

Lo de “El Carancho” obedece a una cuestión más folklórico. Hubo en Mar del Plata un pediatra, el Dr. Alberto Martijena, de muy buen comer. Los médicos de la Clínica del Niño nos reuníamos en cenas periódicas donde el susodicho demostraba su capacidad manducatoria. Los más jóvenes le pusimos el mote de El Carancho Diente de Leche. Dadas las similitudes, sumadas a nuestros hábitos carroñeros, concluimos en denominar a “Esto”, Peña “El Carancho”

Así la peña fue avanzando a los tumbos, de modo caótico, clandestino, incierto, indocumentado, tanto que, como quedó dicho, ni siquiera consta en sus anales registro de la fecha fundacional. Es más, ni siquiera hay anales.

Muchas son las razones que se podrían explicar el porqué de ser 7. Según la cábala el 7 representa la ley divina que rige el universo. 7 son los brazos del candelabro judío. También 7 son los días que empleó Dios en crear al mundo según la Biblia, 7 los pecados capitales y 7 las virtudes que los combaten, 7 los sacramentos, las frases que pronunció Jesús en la cruz, las peticiones al Padre Nuestro, las plagas de Egipto. Sin embargo, también podríamos decir que son 7 los enanitos, los colores del arco iris, los días de la semana, las notas musicales… y el número más jugado en casinos y máquinas tragamonedas.

La verdadera razón de ser siete es porque son los que cabemos alrededor de nuestras mesas, dejando un lugar libre para algún eventual invitado. Todo lo demás es leyenda

Si en este momento yo dijese ACE, ustedes podrían pensar que me estoy refiriendo a un jabón para la ropa, y estarían cometiendo un error. Se trata de una sigla compuesta por tres letras, cada una de las cuales representa las únicas tres reglas que han regido hasta hoy esta Peña:

A de asistir.

Es bastante obvio que si no se asiste no hay Peña. En las cenas mensuales escuchamos lo que los otros dicen o escriben y nos escuchan lo que decimos y escribimos. Asistir es como volver a casa después de un terremoto y encontrarla que sigue en pie.

C de cocinar, comer y beber. Porque es lo que nos gusta. Quizá más de lo debido.

E de escribir.

No olvidemos que es una peña de escritores. Además, sin eufemismos, llega el momento en que las palabras se hacen pesadas, indigeribles. Los sentimientos, cualesquiera sean, se atascan en la garganta y de alguna forma hay que escupirlos.

Escribimos para encontrarle sentido a la vida, para tolerarla, nada más. Nuestros escritos transitan por el humor, el amor, el furor o lo que sea, sin leyes que se opongan o impongan.

No estamos todos los que empezamos. Algunos nos dejaron por diversas razones. Uno solo lo hizo para asistir a la cita impostergable. Luis Nuncio Fabrizio. Nilda es testigo de cuánto lo apreciábamos y cuánto nos apreciaba él a nosotros. Dejó un hueco donde todavía resuena su voz.

Después llegaron otros: Héctor Scaglione y Gustavo González. Hasta aquí, todos narradores, y Carlos Pili, el último, curiosamente el primer poeta, el que desde hace un tiempo lucha con denuedo por familiarizarnos con el ritmo, la cadencia, la musicalidad de las palabras y el poder de la síntesis.

Se preguntarán cómo este puñado de viejitos carcamanes ha logrado mantener la comandita 10 años viva. Sinceramente no lo sé, sólo digo que todo tiene un costo. La convivencia se construye, como una casa, de los cimientos al techo. Pero se equivocará el que crea que con la colocación del último cerámico se termina todo. Después hay que mantenerla día a día o se vuelve tapera.

Actualmente dos de nosotros somos médicos, uno policía, dos marinos mercantes, un abogado y un gerente de Casino. Lo que se dice un grupo heterogéneo. No hay uno igual a otro, tampoco lo hay en todo el universo. Tal vez nuestro éxito también se apoye en un trípode: TEA, que no es una antorcha aunque podría ser la que ilumina el camino, según cómo se lo mire. Esta también es una sigla: Tolerarnos, Escucharnos, Apreciarnos.

Ya Marco Tulio Cicerón, que vivió entre los años 106 y 43 a.C., había dicho que “si la amistad desapareciera de la vida, sería como si se apagara el sol”.

¿Cómo llegamos hasta aquí? Parafraseando a José Martí:

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

Así entramos a la 2ª década, sin leyes que se opongan o impongan, con los anales deteriorados, la ortografía caída y cada vez más esporádicas acogidas. Muchas gracias y ósculos para todos.

 

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